Qué es el tempero
Cuando una persona se inicia en el área de la agricultura debe aplicar técnicas adecuadas relacionadas al arado y la plantación de semillas. Se trata de una acción que requiere mucha delicadeza, tiempo y paciencia, así como una gran capacidad de observación.
En ese sentido, el tempero no es otra cosa que la condición ideal que presenta el suelo para comenzar la siembra. Generalmente, el agricultor lo reconoce de forma intuitiva, sólo tomando un poco de tierra entre sus manos, para mirarla y palparla con detenimiento.
¿Cuál es la base del tempero?
Las características del suelo juegan un papel fundamental en la base del tempero. Por ejemplo, si presenta sequedad es natural que la tierra se agriete y sea quebradiza, impidiendo que en ella se pueda sembrar sin riesgos de perder la semilla.
En el caso de la horticultura, un suelo carente de humedad adecuada imposibilita el uso efectivo del fertilizante. Ello se debe a que la poca presencia de agua evita que este se disuelva y sea absorbido debidamente por las plantas, debiendo apelarse por esta causa a alternativas como la aplicación del compost.
Por otra parte, si está muy reciente el paso de la época de lluvia, lo lógico es que la tierra tenga un exceso de humedad, lo cual tampoco es favorable para su cultivo. Arar sobre un campo inundado sería cumplir una función enorme e inútil. Óptimo
En esta situación, podría esperarse que el terreno seque para comenzar la intervención propicia para su cultivo. No obstante, no es el mecanismo correcto pala alcanzar la cualidad inmejorable que tiene el tempero. El cambio de un estado climático a otro también marca su huella particular y no hace factible el “término medio” requerido en el suelo.
En consecuencia, el tempero se basa en cualidades naturales lejos de los extremos. Es decir, se necesita un suelo ni muy húmedo ni muy seco. Algo similar a la arcilla, que se pueda maniobrar sin romperse.
Tempero el mejor momento para labrar
En agricultura la tierra requiere ser trabajada para poder sembrar y obtener fruto de la semilla plantada, es aquí cuando el tempero juega un rol determinante facilitando el proceso, haciéndolo óptimo y eficaz.
Iniciar el labrado para un huerto en un lugar reseco es un asunto que implica excesivo trabajo, alargando los tiempos para comenzar a cultivar y cosechar. Esto se debe a que los grandes trozos de tierra que resultan de un suelo con esta propiedad hacen necesario que deban ejecutarse labores adicionales para acondicionar el espacio, lo cual se conoce como “nuevo pase”.
En estos casos también ocurre de forma paulatina un desgaste de los equipos que el agricultor emplea, por someterlos a condiciones no aptas para su uso. Pero, no sólo sucede con la sequedad extrema, también con la presencia de humedad abundante.
Una maquinaria utilizada en el arado de un bancal anegadizo puede generar que esta se quede atascada, debiendo forzar el motor para tratar de salir del atolladero.
Estas son las causas principales que motivan la búsqueda de recambios para tractor.
En suma, el intento de activar un suelo inadecuado para la agricultura puede acarrear enormes costos en esfuerzos físicos, materiales y económicos.
La oportunidad propicia para labrar es el tempero. Cuando hay una proporción adecuada de humedad en la tierra, capaz de generar una especie de elasticidad que permite su adecuación con el manejo efectivo de herramientas, utensilios y tractores.
Para determinar si existe el tempero, el agricultor con experiencia suele introducir una vara de madera en el suelo. Si al sacarla lo hace con facilidad y sin que salga sucia de fango, se llega la hora de empezar la faena.
¿Por qué realizar la labor de arar con tempero?
Como en cualquier otra actividad económica, los agricultores buscan el contexto que les proporciona mayores ventajas para poder sacar provecho del trabajo que efectúan. Debido a ello, lo más viable es arar con tempero.
Uso eficiente de los recursos
Primeramente, porque un suelo que facilita el manejo del apero para el arado redunda en uso eficaz y eficiente de los recursos.
Los suelos secos, al presentar dificultades a las herramientas de labor, terminan por propiciar gastos para la compra de nuevos instrumentos.
Tratamientos especiales
También se ha señalado el tratamiento especial que conlleva el arar un bancal reseco debido a los terrones compactos que de él surgen. Romperlos conlleva mayores esfuerzos humanos y técnicos, que a su vez se transforman en consumo de energía y dinero.
Asimismo, la tierra demasiado húmeda por el abuso en el regadío y el contacto con una lluvia tenaz se convierte en una pesadilla para los equipos ante la falta de adherencia. Esta situación podría terminar con la vida útil de un tractor, por ejemplo, bien sea por accidentes o debido al exceso de fuerza aplicada al motor para su avance.
La plasticidad que presenta el tempero indica que contiene una cantidad de humedad, precisada para el arado. Al intervenir el suelo no se desmoronará ni dará mayores dolores de cabeza con la formación de grandes trozos de tierra maciza y espesa.
Tampoco dará paso al surgimiento de extensiones barrosas que terminan en deformaciones y desniveles en el suelo.
Sin embargo, aunque un agricultor tenga una gran experiencia laboral acumulada y sea capaz de reconocer a simple vista cuando la tierra cumple las características del tempero, nunca está de más el recurrir a la ciencia y la tecnología. El estudio diferenciado de cada caso es fundamental para el uso correcto de la técnica.
Conclusiones
En conclusión, realizar la labor de arar con tempero reporta varias ventajas desde el punto de vista económico. Porque facilita la implementación óptima de los recursos materiales y humanos, evitando gastos y esfuerzos adicionales.
De igual manera, hace posible que la tierra sea intervenida adecuadamente y aprovechada de forma satisfactoria. Lo que significa, a su vez, menores riesgos en la inversión efectuada durante la labor agrícola.
Por lo tanto, arar con tempero es lo más recomendable si se pretende alcanzar resultados positivos.