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Agricultura de Conservación

Publicado en4 años hace Por
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¿Cómo aprovechar mejor el uso del suelo para la siembra? ¿Cómo alcanzar un nivel mínimo de erosión manteniendo de manera apropiada la materia orgánica? ¿Cómo desarrollar un uso realmente eficaz de los recursos naturales para combatir los efectos del cambio climático? Todas las preguntas nos conducen a una sola respuesta: agricultura de conservación.

¿Qué es la Agricultura de Conservación?

Se trata de un sistema de cultivo que envuelve prácticas específicas con el objetivo de alcanzar una menor modificación del suelo, manteniendo al mismo tiempo una adecuada protección de la materia orgánica.

La agricultura de conservación se basa en principios que pueden aplicarse en cualquier paisaje agrícola y se adaptan a las condiciones de cada lugar, optimizando el uso de los recursos naturales.

Todo se logra a través de buenas prácticas que propician la sostenibilidad, evitan la erosión, promueven una rica variedad de flora y fauna e impulsan la biodiversidad.

Agricultura de conservación: buenas prácticas

Dos buenas prácticas que destacan en este sistema de cultivo son las siguientes:

  • Siembra directa

Al aplicar la técnica de la siembra directa de semillas y fertilizantes, se logra disminuir el deterioro del suelo y, de este modo, también se consigue una mínima alteración mecánica del terreno, lo que preserva igualmente su materia orgánica.

  • Mínimo laboreo

Al reducir el laboreo a su nivel mínimo, las zonas cultivadas bajo los parámetros de la agricultura de conservación se transforman, y pasan de ser emisoras de dióxido de carbono a sumideros de carbono, lo que significa que este queda retenido en el suelo.

Es así como un cultivo con mínimo laboreo es de gran ayuda en el combate contra el cambio climático. Esto ocurre desde la recolección hasta la próxima siembra, práctica con la cual logran conservarse todos los restos de la cosecha para alcanzar una consistente cobertura orgánica del suelo.

Funciona así: al menos el 30% del suelo es cubierto de forma superficial con residuos de cultivos, lo que conforma un manto protector que es capaz de eliminar malas hierbas. Pero, además, esta capa preserva la humedad, impidiendo la compactación y resguarda al suelo de fenómenos meteorológicos extremos.

Reducir las prácticas de laboreo en los espacios cultivados con agricultura de conservación permite llevar a cabo la transformación del suelo. Es así como pasa de ser un emisor de Dióxido de carbono a convertirse en un sumidero de carbono, porque, al no moverse, este componente se retiene.

Al quedar retenido en el suelo, la huella de carbono se reduce considerablemente, lo que es de enorme ayuda en el combate contra el cambio climático.

Efectivamente, cuando el suelo deja de alterarse, la calidad del agua mejora. Aún más: las necesidades de agua disminuyen entre 30 y 40%, ya que no existen alteraciones por operaciones mecánicas y la capacidad del suelo para absorber el agua se mantiene eficazmente.

Reducir las prácticas de laboreo y la actividad mecánica también comprime la fuga de sustancias químicas arrastradas por el agua. Se trata de un aspecto que el Pacto Verde Europeo tiene planteado enfrentar con decisión en el Plan de Acción de Contaminación Cero del cual forma parte España.

La posición de la FAO

La posición de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) es que ejercer la agricultura de conservación es beneficiar la diversificación de especies, porque, al rotar los cultivos, se consigue una mejor estructura del suelo, lo que a su vez promueve una diversidad de organismos que se adaptan perfectamente a las condiciones bajo la superficie, es decir, la denominada flora y fauna edáfica.

El surgimiento de esta fauna es una notable contribución al ciclo de los elementos nutritivos que sustentan a las plantas, ayudándolas en paralelo prevenir enfermedades y plagas. Dicho de modo más sencillo: evitando la alteración de los suelos se logra incrementar su capacidad para la retención de nutrientes.

Los expertos de la FAO recomiendan desarrollar una secuencia de al menos 3 cultivos distintos mediante la optimización de los productos para el agro. En este sentido, se ha dicho que la reducción del uso de fertilizantes es posible si se combina esta buena práctica con la aplicación selectiva de elementos que maten las malas hierbas.

De hecho, la Comisión Europea ya ha expresado su firme voluntad de aminorar en 20% el uso de fertilizantes para el año 2030.

Agricultura de conservación: beneficios medioambientales

Aplicar la agricultura de conservación conlleva una serie de beneficios ambientales como los siguientes:

  •        Se reduce la erosión
  •        Se incrementa la materia orgánica en los suelos
  •        Aumenta la biodiversidad
  •        Se optimiza la calidad de las aguas superficiales
  •        Mejora la calidad del aire
  •        Se aminora el consumo de agua
  •        Se logra una efectiva retención del carbono

Es importante resaltar que los restos presentes en la superficie del suelo tienen un efecto reductor sobre las salpicaduras de gotas de lluvia, las cuales continúan hacia las profundidades cuando se ha disipado su energía. El resultante de todo esto es que la escorrentía disminuye.

Pero hay más. Estos residuos crean una muralla que frena la velocidad tanto del agua como del viento sobre la superficie, lo que da como resultado una disminución en la evaporación de la humedad.

Cuando la agricultura de conservación conserva la cubierta vegetal, está generando un hábitat ideal para diferentes especies que se sostienen de las plagas. En estrecha relación, aparecen entonces más pájaros, animales e insectos.

La materia orgánica del suelo se incrementa al transcurrir los primeros años del sistema de agricultura de conservación. Esto ocurre gracias a los residuos vegetales que quedan en la superficie y, sobre todo, debido a la descomposición de las raíces.

La descomposición de esta materia se produce paulatinamente, y en buena parte queda integrada al suelo, donde se lleva a cabo una liberación de dióxido de carbono que también avanza con lentitud y al mismo tiempo va quedando retenido en el suelo para formar parte de un sumidero.

Como resultado, las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero se reducen, lo que a fin de cuentas constituye una enorme ayuda en la lucha contra los efectos del cambio climático.

Todo lo anterior es contrario a lo que vemos en la agricultura convencional, la cual altera el paisaje al destruir la cubierta vegetal, lo que termina perjudicando a plantas, animales y microorganismos por igual. Algunos desaparecen, otros ven disminuida su presencia en el planeta.

Poner en práctica los principios de este sistema de cultivo permite a los agricultores aprovechar una importante capacidad de retención de agua, lo que se vincula directamente a tener sistemas de riego más eficientes. Además, las aguas superficiales se contaminan menos, existe un menor riesgo de inundaciones y también disminuye el lixiviado de nutrientes.

De la misma forma, con la agricultura convencional se logra disminuir la erosión del suelo, aspecto que mejora su estructura e incrementa su fertilidad natural con mayores niveles de materia orgánica. En paralelo, la biodiversidad termina realmente favorecida.

Agricultura de conservación: beneficios económicos

Como si todo lo anteriormente descrito fuera poco, las técnicas de agricultura de conservación también conllevan beneficios económicos fundamentales que optimizan la producción:

  •        Disminuye la necesidad de contratar más mano de obra porque se ahorra tiempo
  •        También se reducen los costos derivados del gasto en combustible y de mantenimiento de maquinarias
  •        Los puntos anteriores implican del mismo modo una mayor producción, pero sin necesidad de emplear una cantidad superior de insumos

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