¿Cómo surgió la agricultura?
La agricultura es una actividad que surge en un periodo en donde las sociedades humanas se centraban exclusivamente en la caza y la recolección como prácticas para lograr abastecerse y sobrevivir.
Esto es algo que condicionaba a estas sociedades a un estilo de vida que podríamos denominar como nómada (personas que van de un lugar a otro, sin establecerse de forma permanente en un sitio). Se considera que la agricultura nació en el periodo neolítico.
La aparición de la agricultura supuso un cambio importante para estas sociedades, pues permitió que pasaran de ese modelo de caza/recolección a uno donde pudieran cultivar una serie de productos como el maíz y trigo.
Los cuales, con el paso del tiempo, permitieron a estas personas obtener lo que hoy denominamos como excedente, permitiendo de esta forma una natural transición al asentamiento e incluso a la propia división del trabajo.
En sus inicios, estas prácticas agrícolas eran bastante rudimentarias, sin embargo, el paso del tiempo hizo que algunas civilizaciones comenzaran a llevar a cabo asentamientos cerca de las orillas de los ríos, permitiendo que nacieran lo que se podría considerar como sociedades hidráulicas.
Aquí se comenzaría a desarrollar nuevas técnicas de agricultura. Se entrenó al ganado y su domesticación para lograr una producción a gran escala, lo que derivó en una profesionalización muy notable de la actividad, permitiendo un avance mucho mayor.
La introducción de nuevas herramientas agrícolas, nuevos procesos, nuevas técnicas y mecanismos es algo que se mantiene incluso en la actualidad. La agricultura es un área que no parado de evolucionar a lo largo de su historia.
Desde la época feudal hasta la llamada revolución verde han sido muchos los cambios y niveles de complejidad que han sido desarrollados para ajustarse a los siempre cambiantes estándares de vida de las sociedades humanas.
¿Cuál es el origen de la agricultura?
A día de hoy, todos los estudios que se han llevado a cabo sugieren que no hubo un lugar exacto al cual poder atribuirle el nacimiento de la agricultura. Como es evidente, tampoco existe una única civilización.
Si bien es cierto que, en ciertos lugares de lo que hoy conocemos como Asia y Latinoamérica, hay varios indicios de lo que podría considerarse como el nacimiento de la agricultura, la realidad es que a lo largo de todo el mundo se han encontrado áreas de desarrollo de esta actividad.
Todo esto quiere decir que la agricultura fue una actividad que se desarrolló de manera simultánea en distintos territorios y no algo que nació en un lugar concreto con una cosecha de cereales, por ejemplo.
Los inicios de la agricultura
La agricultura ha sido un campo que ha sido desarrollado a lo largo de muchísimos años, desde las primeras sociedades humanas, pasando por los romanos, la época feudal o los grandes avances de la revolución industrial.
La agricultura ha sido una tecnología que comenzó con la domesticación de animales y suelos y, a lo largo de la historia, se ha nutrido de muchas otras áreas, sobre todo en las épocas actuales.
Por esta razón, conviene hacer un repaso de los momentos más importantes de esta práctica tan fundamental para la sostenibilidad y desarrollo de nuestras sociedades.
La agricultura en la antigüedad
Como ya hemos mencionado, las civilizaciones pasan de la caza y la pesca a asentamientos donde es posible llevar a cabo los primeros cultivos de tierra para lograr autoabastecerse. El principal aporte de estas épocas es, en sí, la práctica de la agricultura.
De no ser por esto, no se hubieran creado las primeras sociedades agrícolas y no se hubieran desarrollado estas primeras civilizaciones.
Gracias al desarrollo agrícola se desarrollan las primeras civilizaciones e imperios. Siendo el imperio romano uno de los primeros en ser formado. Este hizo unos grandes avances en lo que a la agricultura respecta.
Profundizaron en el uso del ganado para labrar la tierra, ampliaron el uso de herramientas que permitían disminuir el esfuerzo de los hombres e incrementar la producción. Una muestra clara de todo esto, el arado romano o, directamente, el uso del abono.
Por otro lado, los romanos también introdujeron lo que podríamos denominar como los primeros sistemas de regadíos (de hecho, llegaron a desarrollarse bastante en esto). El uso del molino, acueductos y otros sistemas son fruto de los aportes de los romanos al sector agrícola.
Otros que tuvieron un aporte considerable fueron las civilizaciones relacionadas con el islam. Estos aportaron tanto técnicas como materiales para un mejor aprovechamiento de los recursos.
La noria, el molino de viento y el hidráulico o la presa son algunos de los aportes más destacados de estas civilizaciones, que más adelante darían lugar a lo que podemos denominar como “Sistemas agrícolas avanzados”.
Finalmente, el feudalismo fue uno de esos sistemas que aportaron muchísimo a la agricultura. Una de las características más importantes es que los señores feudales alimentaban a su gente por medio de la producción agrícola, este derivo en la práctica de la agricultura como medio fundamental para la subsistencia de la sociedad.
El arado de hierro o la rotación trienal fueron introducidos en estas épocas y fueron fundamental para asegurar excedentes y permitir a estas sociedades sobrevivir.
La agricultura en la edad moderna
Aquí se consideran las mayores transformaciones en el sector de la agricultura que tuvieron lugar a comienzos del siglo XVIII, con la llegada de la conocida revolución industrial y que culmino alrededor de finales del siglo XIX.
Los cambios más significativos de este periodo están orientados en cambios técnicos y legislativos que permitieron ocurriera un gran avance en este sector.
En cuanto a los cambios técnicos, nos encontramos con un claro aumento en la producción y, por consiguiente, en el excedente.
Esto significa que fue posible generar una mayor comercialización de los productos, lo que inevitablemente provocaría un aumento de la profesionalización del sector agrícola.
Algunos cálculos sugieren que en este periodo se llegó a aumentar la producción hasta en un 90 % gracias a la aparición de las nuevas técnicas, así como también el desarrollo de maquinaria, consecuencia directa de la ya mencionada revolución industrial.
Como también ya hemos mencionado, ocurrieron cambios en el sector legislativo que propiciaron, junto a los cambios técnicos, un mayor incremento de la productividad agrícola.
En general ocurrieron reformas en donde la tierra dejo de pertenecer al sector público, permitiendo que pasaran a ser propiedad privada.
Estos cambios no hicieron otra cosa que permitir a los terratenientes tener una actividad agrícola mucho más favorecedora, fomentando al inversión y por tanto desarrollo del sector.
La revolución industrial es, sin lugar a dudas, el punto más importante de estas épocas; sin ella, no hubiera sido posible el desarrollo de mucha maquinaria que luego pasaría a utilizarse en todos los niveles de producción agrícola.
A todo esto, le sumamos los cambios legislativos y nos encontramos con una de las condiciones más favorecedoras que ha podido experimentar la agricultura en toda su historia.
La agricultura hoy
En los tiempos que corren, la agricultura es una de las actividades más fundamentales y fuente de sustentos para una gran parte de la población que habita en el planeta, en especial aquí en España.
Ahora más que nunca, la agricultura moderna cuenta con una fuerte dependencia hacia la investigación científica.
Pues, desarrollos en el área de la biología o de la física suelen llegar a extenderse a aplicaciones en el sector agrícola, permitiendo que todo el conocimiento se aplique para optimizar procesos.
También para mejorar la recolección, aumentar la eficiencia en el uso del suelo y, en definitiva, en convertir la actividad agrícola en una práctica que permita ser mucho más sostenible en el tiempo.
La ingeniería agrónoma ha permitido en los años recientes que procesos como la irrigación, el drenaje o la sanidad continúen funcionando y avanzando.
Por otro lado, la química agrícola se ha centrado más en la investigación de los conocidos fertilizantes, fungicidas, plaguicidas e insecticidas y el impacto de esto en los cultivos y los suelos, también en el análisis de la gran cantidad de productos agrícolas.
Es importante que tengamos claro que, si bien es cierto que los insecticidas y fertilizantes son necesarios para desarrollar una actividad agrícola sostenible, los nuevos tiempos están exigiendo de métodos y productos alternativos.
Eso quiere decir, productos que ofrezcan los mismos o mejores beneficios, pero que no tengan un impacto negativo como el daño de los suelos o el efecto de gases de efecto invernadero.
Por último, incluso cuestiones relacionadas con el procesado o empaquetado de los productos agrícolas han sufrido mejoras considerables, mientras que el congelado o la deshidratación han permitido expandir el comercio agrícola, mejorando las posibilidades alimenticias de muchas personas.